El paracaidismo se ha practicado durante más de doscientos años: en 1797, el francés André-Jacques Garnerin se lanzó por primera vez desde un globo de aire caliente colgado de un sistema muy parecido al de las sombrillas, pero con un mayor control interno de los vientos. Desde entonces, los ejércitos de varios países empezaron a usar esos paraguas en caso de emergencia durante sus vuelos en globo y, un siglo más tarde, en avión; incluso, durante la primera guerra mundial los paracaídas fueron una forma de sorprender al enemigo.
Pero solo en 1930 se empezó a usar en competencias y como una verdadera forma de recreación, a pesar del miedo a las alturas y de los muchos accidentes que se daban por no saber aterrizar ni abrir el mecanismo a tiempo.
Con los años, el paracaidismo se ha convertido en un verdadero deporte con más de una docena de variaciones, que incluyen, entre los ideales para aprender, la línea estática -que abre el paracaídas automáticamente-, la progresión asistida en caída libre -salto acompañado por dos instructores- y el tándem -en el que el instructor coordina el salto conectado al aprendiz-.
Hoy, esta es una práctica que, a pesar de lo extrema, es bastante segura y la mayoría de los accidentes se deben a errores humanos al llegar al suelo. Para los principiantes y los aficionados no hace falta comprar ningún equipo: todas las escuelas y sitios que ofrecen saltos alquilan el paracaídas, el casco, el traje y todos los implementos de seguridad.
La única restricción para practicar este deporte es sufrir de problemas cardiacos, así que deje a un lado el miedo y dé el salto. En Colombia, los lugares más comunes y espectaculares para el paracaidismo están en Flandes (Tolima), Cali y Santa Fe de Antioquia y se pueden encontrar escuelas en las páginas www.saltamontesoutdoor.com ywww.colombiaextrema.com
El primer paracaídas
André-Jacques Garnerin fue soldado del ejército de Napoleón y, después de caer prisionero de los británicos en 1792, se dedicó a hacer vuelos en globos de aire caliente y a desarrollar experimentos de lo que luego se convirtió en el paracaídas.
En octubre de 1797 alzó vuelo en un globo que tenía amarrada debajo una especie de sombrilla cerrada de la que colgaba una canasta en la que él iba parado. Al alcanzar una altura de unos 3.000 pies, cortó la cuerda que unía a la sombrilla del globo y cayó, logrando que la sombrilla se abriera y redujera la gravedad. Garnerin no sufrió ningún accidente, pero tanto la canasta como el globo y el paracaídas quedaron destrozados.